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Santana y la UAN: cuando el discurso incomoda, pero exhibe la realidad

En Bahía de Banderas no abundan los discursos incómodos. Por eso llamó la atención —y también levantó cejas— lo dicho por el alcalde Héctor Santana al encarar, sin rodeos, al Patronato y a la rectora de la Universidad Autónoma de Nayarit, Norma Galván.

No fue un evento cualquiera. La entrega de un estacionamiento digno para la comunidad universitaria terminó convirtiéndose en un mensaje político directo: más dinero sí, pero también más resultados. Santana puso sobre la mesa una cifra que no es menor —hasta 170 millones de pesos de aportación— y, a cambio, exigió algo elemental: ampliar la matrícula en Medicina.

El señalamiento no es menor ni exagerado. Apenas un 2% de aspirantes logra ingresar a esa carrera. El resto queda fuera, no por falta de vocación, sino por falta de espacios. Y ahí es donde el discurso institucional suele quedarse corto. Porque mientras Bahía presume ser uno de los municipios que más aporta, en la práctica sigue padeciendo rezagos en infraestructura universitaria, particularmente en la zona de Valle.

Lo dicho por Santana incomoda porque exhibe una verdad que muchos prefieren evadir: el crecimiento educativo no está acompañando la demanda real. Y cuando eso ocurre, el discurso de “compromiso con la juventud” pierde sustancia.

“Cuando se quiere, se puede”, soltó el alcalde. La frase, simple pero directa, deja en el aire una pregunta incómoda para la UAN: ¿no se ha querido lo suficiente?

En contraste con otras áreas de gobierno donde abundan los anuncios y escasean los resultados, el DIF Bahía, encabezado por Margui Zúñiga, mantiene una dinámica distinta.

No es discurso: es presencia. Jornadas médicas, atención dental, programas alimentarios y, sobre todo, algo que pocas veces se ve en la función pública: atención directa sin filtros. Aquí no hay simulación. La gente llega, expone y —en muchos casos— obtiene respuesta.

La diferencia es clara. Mientras otras dependencias se pierden en la burocracia, el DIF parece entender que la política social no se presume, se ejerce.

Donde las cosas no cuadran es en el área de Funcionamiento de Negocios. Y no es percepción, es contradicción.

Por un lado, su titular, Alix Campos, anuncia plazos “flexibles” para que comerciantes regularicen sus licencias hasta el 30 de abril. Pero, por el otro, en los hechos, hay casos donde se actúa con rigidez y sin criterio.

El caso de una comerciante en Jarretaderas, impedida de continuar con su modesta venta de dulces, refleja justamente eso: un gobierno que dice una cosa y hace otra.

La pregunta es inevitable: ¿quién fija realmente la línea? Porque cuando la autoridad se contradice, lo que genera no es orden, sino incertidumbre.

Y en un municipio donde el comercio informal es, para muchos, la única vía de ingreso, este tipo de decisiones no son menores: son golpes directos a la economía familiar.

Habrá que ver si en la rendición de cuentas hay explicaciones… o solo justificaciones.

Indiana y el activismo que no se detiene

En medio de este escenario, hay perfiles que no bajan el ritmo. Indiana no se detiene.

Reuniones, recorridos en la sierra y ahora la organización del “Limpiatón” en La Cruz de Huanacaxtle, una estrategia que, más allá del nombre, tiene un objetivo claro: combatir focos de infección y mejorar el entorno urbano.

La dinámica es sencilla: sacar cacharros, llantas, muebles viejos, todo aquello que solo estorba y genera riesgos sanitarios. Lo relevante aquí no es la campaña en sí, sino la insistencia en movilizar a la ciudadanía.

Porque al final, la limpieza no es solo tarea del gobierno. Así que no hay pretexto: el servicio es gratuito. Solo falta voluntad.

Y como bien dirían en tono coloquial: no le saque… saque los cacharros.

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